1° DE MAYO. DÍA DEL TRABAJADOR

Primero de Mayo: una historia de revolución
¡Un día de rebelión, no de descanso! Un día no ordenado por los voceros jactanciosos de las instituciones que tienen encadenado al mundo del trabajador. Un día en que el trabajador hace sus propias leyes y tiene el poder de ejecutarlas! Todo sin el consentimiento ni aprobación de los que oprimen y gobiernan. Un día en que con tremenda fuerza la unidad del ejército de los trabajadores se moviliza contra los que hoy dominan el destino de los pueblos de toda nación.
Un día de protesta contra la opresión y la tiranía, contra la ignorancia y la guerra de todo tipo. Un día en que comenzar a disfrutar ‘ocho horas de trabajo, ocho horas de descanso, ocho horas para lo que nos dé la gana’”
 – Circular convocando a la acción el 1º de mayo de 1886.

                 Estados Unidos en el siglo XIX
Ya desde mediados del siglo XIX, con la consolidación de la revolución industrial en Estados Unidos, se venían protagonizando numerosos enfrentamientos y huelgas alentadas desde Europa por el ejemplo revolucionario de la Comuna de París de 1871. Estos conflictos tuvieron su mayor virulencia en 1877, cuando el paro, el hambre y el descontento generalizado se extendían por todo el país, así como los disturbios y revueltas obreras, que fueron salvajemente reprimidas por la policía.  
Todo esto llevó a un clima de desconfianza hacia el sistema por todo el país, principalmente en los núcleos urbanos plenamente industrializados  

              Chicago durante la década de 1880
  Cincuenta años antes de que el Chicago se hiciera famosa por su alta actividad de crimen organizado, esta ciudad se encontraba repleta de trabajadores/as inmigrantes organizados, fuertemente influenciados por las noticias llegadas de Europa, el anarquismo norteamericano y el movimiento antiesclavista (la Guerra Civil Americana, que había puesto fin a la esclavitud formal, había terminado en 1865). En este contexto, en el que obreros/as eran salvajemente reprimidos/as por los/as esbirros/as de la patronal y por la policía, se formaron milicias obreras.  
Durante la década de 1880, entre el movimiento obrero de Chicago prevalecía el ideal anarquista que de forma particular se conoció como La Idea de Chicago. Actos individuales violentos – incluidos el terror y el asesinato – buscando la agitación y el movimiento de masas eran frecuentes en estos tiempos.

                       La revuelta de Haymarket
 El primero de Mayo de 1886 se producen los graves acontecimientos que darían origen a la fiesta internacional de los trabajadores. Ese día se realizó en la Plaza Haymarket de Chicago una gran manifestación obrera contra la empresa McCormick – fabricante de maquinaria agrícola – y en demanda de la jornada de ocho horas de trabajo (en algunos casos la jornada laboral podía llegar a ser de 18 horas). La policía cargó contra los manifestantes y a raíz de los disturbios que se produjeron varias personas resultaron muertas y heridas.
Los siguientes días se convocaron varias protestas, tanto en las puertas de las industrias McCormick, la única fábrica que seguía funcionando gracias a esquiroles, como en otros puntos de la ciudad. El 2 de mayo, la policía disparó contra un grupo de huelguistas que había entrado en la fábrica, matando a 2 personas e hiriendo a decenas. El 3 de mayo, 80.000 obreros/as seguían agitando Chicago.

                       Los mártires de Chicago
 Convocada para el 4 de mayo, la policía volvió a entrar en acción, matando a un número indeterminado de personas e hiriendo a otras 200. Una bomba lanzada por alguien entre las filas de los/as huelguistas mató a siete agentes. Las detenciones y torturas no tardaron en llegar. AugustSpies, Samuel Fielden, Oscar Neebe, Michael Schwab, George Engel, Adolf Fischer, Albert Parsons y Louis Lingg, obreros de filiación anarquista fueron detenidos y juzgados bajo el cargo de asesinato y conspiración para cometer asesinato. Todos fueron condenados a la horca, aunque finalmente solamente Fischer, Parsons, Engel y Spies fueron ejecutados el 11 de noviembre de 1886. Lingg apareció muerto en su celda y los tres restantes fueron perdonados en 1893 al no encontrarse pruebas contra ellos.
Durante el juicio Lingg exclamó:
 “repito que soy enemigo del orden de hoy y repito que con todas mis fuerzas, mientras tenga aliento para respirar, lo combatiré. Los desprecio. Desprecio su orden, sus leyes, su autoridad apuntalada por la fuerza. Ahórquenme por ello”.
Justo antes de morir, Albert Parsons – el más conocido de los mártires de Chicago antes de que se produjeran las revueltas – pronunció su famosa frase  ¡dejad que se escuche la voz del pueblo!
             Palabras del acusado George Engel ante el tribunal que lo condenó a muerte en 1886
Es la primera vez que comparezco ante un tribunal norteamericano, y en él se me acusa de asesino.
 … ¿Y por qué razón estoy aquí?
… ¿Por qué razón se me acusa de asesino?
 Por la misma que me hizo abandonar Alemania; por la pobreza, por la miseria de la clase trabajadora. Aquí también, en esta “República Libre”, en el país más rico de la tierra, hay muchos obreros que no tienen lugar en el banquete de la vida y que como parias sociales arrastran una vida miserable. Aquí he visto a seres humanos buscando algo con que alimentarse en los montones de basura de las calles.
[…] Cuando en 1878 vine desde Philadelphia a esta ciudad creí iba a hallar más fácilmente medios de vida aquí, en Chicago, que en aquella ciudad, donde me resultaba imposible vivir por más tiempo. Pero mi desilusión fue completa. Entonces comprendía que para el obrero no hay diferencia entre Nueva York, Philadelphia y Chicago, así como no la hay entre Alemania y esta tan ponderada República. Un compañero de taller me hizo comprender, científicamente, la causa de que en este país rico no puede vivir decentemente el proletario. Compré libros para ilustrarme más y yo, que había sido político de buena fe, abominé de la política y de las elecciones y comprendí que todos los partidos estaban degradados y que los mismos socialistas demócratas caían en la corrupción más completa.
Entonces entré en la Asociación Internacional de los Trabajadores. Los miembros de esta Asociación estamos convencidos de que sólo por la fuerza podrán emanciparse los trabajadores, de acuerdo con lo que la historia enseña. En ella podemos aprender que la fuerza libertó a los primeros colonizadores de este país, que sólo por la fuerza fue abolida la esclavitud y que, así como fue ahorcado el primero que en este país agitó a la opinión contra la esclavitud, vamos a ser ahorcados nosotros.
[…] ¿En qué consiste mi crimen? 
 En que he trabajado por el establecimiento de un sistema social donde sea imposible que mientras unos amontonen millones […], otros caen en la degradación y la miseria. Así como el agua y el aire son libres para todos, así la tierra y las invenciones de los hombres de ciencia deben ser utilizadas en beneficios de todos. Vuestras leyes están en oposición con las de la naturaleza y mediante ellas robáis a las masas el derecho a la vida, a la libertad y al bienestar […] La noche en que fue arrojada la primera bomba en este país, yo estaba en mi casa y no sabía una palabra de la ‘conspiración’ que pretende haber descubierto el ministerio público. Es cierto que tengo relación con mis compañeros de proceso, pero a algunos sólo los conozco por haberlos visto en las reuniones de trabajadores. No niego tampoco que he hablado en varios mítines ni niego haber afirmado que, si cada trabajador llevara una bomba en el bolsillo, pronto sería derribado el sistema capitalista imperante. Esa es mi opinión y mi deseo, [pero] no combato individualmente a los capitalistas; combato al sistema que produce sus privilegios. Mi más ardiente deseo es que los trabajadores sepan quiénes son sus enemigos y quiénes sus amigos. Todo lo demás merece mi desprecio. Desprecio el poder de un gobierno inocuo. Desprecio a sus policías y a sus espías.
 En cuanto a mi condena, que fue alentada y decidida por la influencia capitalista nada más tengo que decir.

                                El 1º de mayo
El Primero de Mayo fue proclamado como Día Internacional de los Trabajadores en 1890, y desde entonces se celebra en el mundo entero, en recuerdo de los mártires de Chicago.

Información extraída del artículo “Las insurrecciones olvidadas: de los ludditas a Albania”, publicado en la revista Contrahistoria nº 2 (invierno 2011) y  el artículo “Una historia de Revolución y Reivindicación”, escrito por Aníbal Nazoa.