24 DE ABRIL. DÍA DE LA ACCIÓN POR LA TOLERANCIA Y EL RESPETO ENTRE LOS PUEBLOS‏

La fecha evoca el intento por parte del Imperio Otomano de exterminar al pueblo armenio. En la noche del 23 de abril de 1915, y durante toda la madrugada del día 24, cientos de intelectuales, religiosos, profesionales y ciudadanos de ese origen fueron despojados de sus hogares y deportados, para ser posteriormente asesinados. El 24 de abril resume simbólicamente todos aquellos crímenes de lesa humanidad, que los turcos-otomanos cometieron en perjuicio del pueblo armenio con anterioridad a esa fecha.
La lucha contra las políticas de negación y olvido por parte de los sobrevivientes y los familiares de las víctimas armenias, ha sido clave para que hoy podamos ejercer nuestro recuerdo activo. Pese a la magnitud de estos crímenes, sólo una veintena de países han reconocido, mediante una resolución de carácter formal, la perpetración del genocidio armenio. Argentina es uno de ellos. Distintas disposiciones legales, sancionadas por el Congreso de la Nación, han reconocido el Genocidio Armenio. (Resolución del Parlamento del 29/06/94; Resoluciones del Senado de 19/06/85, 21/09/94 y 23/04/98). El 13 de diciembre de 2006, por ejemplo, el Senado y la Cámara de Diputados de la Nación sancionaron la Ley N° 26.199 declarando el 24 de abril “Día de acción por la tolerancia y el respeto entre los pueblos”, en conmemoración del genocidio sufrido por el pueblo armenio. La misma fue publicada en el Boletín Oficial el 15 de enero de 2007.
El recuerdo del Genocidio Armenio nos interpela en tiempo presente sobre las consecuencias que pueden generar la intolerancia y el racismo y nos invita a reflexionar sobre el significado del respeto entre los pueblos y las personas. Asimismo, nos permite pensar en otras situaciones de violencia extrema que han atravesado la historia de la humanidad. Como sabemos, en nuestro país, la última dictadura militar, dejó un saldo de 30.000 desaparecidos. Y en otras latitudes, la actualidad muestra que la intolerancia persiste como una amenaza para las sociedades democráticas.
En este sentido, resulta de extrema relevancia el desarrollo de acciones tendientes a que los miembros de la comunidad educativa asuman la conciencia de su responsabilidad individual en la defensa de los valores que sustentan la vida en democracia, la acción por la tolerancia y el respeto entre los pueblos.

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