9 DE SEPTIEMBRE. DÍA DE DUELO PROVINCIAL EN CONMEMORACIÓN A LA MASACRE DE ZAPALLAR

Sucedió un 9 de septiembre de 1933 donde un grupo de aborígenes de la etnia mocoví fueron masacrados en la localidad de El Zapallar hoy Gral. José de San Martín, por eso,  cada 9 de septiembre en la provincia es día de duelo provincial,por Ley Provincial N°7403.
La historia de El Zapallar registra un hecho lamentable y repudiable que no ha sido abordado profundamente. Por momentos condenado al silencio, o a la distorsión. El violento proceso colonizador en el interior del Chaco, obligó a los pueblos aborígenes a modificar sus modos de vida, hábitos y costumbres; provocando cambios sociales, ecológicos y culturales que modificaron irreversiblemente la historia de los primeros habitantes de esta región, a la vez, que se desarrollaron movimientos de resistencia de características peculiares.
En el mes de julio de 1924 se había consumado la Masacre de Napalpí. La comunidad aborigen estaba agitada: mientras buscaba seguridad para sus familias, deambulaba por los montes y esteros ante la necesidad de muñirse de alimentos. En malones se movían de un lugar a otro.
La noticia de ese entonces daba la primicia: "En el Zapallar, en 1933, cerca de setenta habitantes de las etnias toba y mocoví fueron acribillados por la policía de territorios, por haber cometido la osadía de peticionar alimentos y ropa, ante una hambruna generalizada".
En Historias Chaqueñas -publicación del Diario Norte de septiembre del 2004-, bajo el título de "LA MASACRE INDIGENA DE EL ZAPALLAR", y con la autoría del Profesor Eduardo Barreto, se refiere a este hecho como una masacre de aborígenes, especialmente en el subtítulo "El miedo como motor de la violencia" que textualmente se transcribe: "? El movimiento milenarista se organizó a través de un culto que incluía danzas y canciones. Estas actividades y el robo de algunos animales a los colonos provocaron una ola de pánico en la población blanca, que solicitó colaboración a la policía. La comunidad indígena se puso en movimiento en septiembre de 1933 hacia El Zapallar para solicitar alimentos ante las adversidades climáticas y la hambruna creciente. Delante de las columnas marchaban los niños, luego las mujeres, más atrás los ancianos y finalmente los hombres.
Rápidamente cundió el pánico entre los habitantes de la localidad mencionada, ante lo cual las autoridades locales pidieron refuerzos a Resistencia. Los aborígenes se detuvieron en la entrada del poblado a la espera de los resultados de las negociaciones que llevaban adelante los chamanes.
La policía abrió fuego contra las tribus indefensas, que no se movieron, tal como lo establecían los códigos milenaristas que contemplaban actitudes pacíficas.
Nunca se supo el número exacto de muertos. El diario La Voz del Chaco hablaba de solo dos personas. La comisión investigadora de la Cámara de Diputados de la Nación sostiene que fueron decenas. Nuevamente las fosas comunes sirvieron, al igual que en Napalpí, para depositar a los muertos".
"La matanza de El Zapallar es el resultado del miedo que sintió la población blanca ante una posible agresión más que por una agresión concreta. La violencia empleada contra las poblaciones indígenas fue una constante, y actuó como potencia económica para permitir crear las condiciones de dominio del capital industrial y del proceso de delimitación del terreno donde operarían los nuevos dueños de las tierras". 
Tener presente lo sucedido en esta Masacre contribuirá, sin ninguna dudas, a tomar conciencia, del espíritu rebelde y estado anímico que vivenciaba el indígena en esos tiempos: desplazamiento territorial y apoderamiento de sus tierras por parte de los pobladores "blancos", explotación de la mano de obra aborigen, discriminación racial, enfermedad y hambrunas letales, persecución, y muerte, en su mayoría a nivel de matanzas.

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